Kiko Vega

Ne paniquez pas

Wind River: no es país para ovejas

Taylor Sheridan acaba de llegar y con su tercer guión ha depurado los (pocos) defectos que se intuían en sus dos anteriores trabajos.

Si en Sicario no tenía muy claro por cuál de las tres películas en potencia que manejaba la trama debía decantarse (algo que ha quedado claro cuando uno observa que su secuela-spin-off, Soldado, ya está en proceso de post-producción), en la mucho más concisa Hell or High Water sobrevolaba un obligatorio aire a cinismo que no terminaba de convencer.

Tras dos esfuerzos de ese calibre, entrega su obra maestra y, además, se permite el lujo de convertirla en su (de momento) gran película como director tras una extraña y bastante inocente película de terror titulada Vile que dirigió (pero no escribió) en 2011 y que no dejaba de ser una pobre reiteración de la saga Saw sin dinero ni imaginación.

Una vez más, Sheridan apuesta todo al neo-western paisajista, y cambia la paleta amarilla de su anterior historia por una más blanca y azulada, mucho más acorde con las nevadas montañas que rodean la reserva india de Wind River, un Fargo de toda la vida donde el humor negro se hace de rogar.

Porque Wind River es un puñetazo en el estómago y no está aquí para hacer amigos.

Wind River, para empezar, regala a Jeremy Renner la mejor interpretación de su carrera. Su Cory Lambert, un veterano rastreador del Servicio de Pesca y Vida Silvestre que ayuda al FBI en la investigación del asesinato de una joven nativa, es uno de los personajes más poderosos y comedidos de la temporada.

Como las vidas de los personajes que escribe Sheridan nunca son fáciles, Lambert aprovechará la ocasión como medida drástica hacia la redención por un suceso anterior que acabó en tragedia.

El FBI vuelve a tener nombre de mujer, como la Emily Blunt de Sicario o la mismísima Clarice Starling. En este caso es la siempre fascinante Elizabeth Olsen la encargada de intentar ejercer la ley en un lugar que le resulta completamente ajeno y está lejos de recibirla con los brazos abiertos. El único dispuesto a ello será su compañero de aventuras en las películas de Los Vengadores.

Wind River empieza a lo grande, tirando de panorámica y demostrando que el camino no será fácil. En la primera secuencia de la película (tras un fabuloso y aterrador prólogo) asistimos a una jornada de trabajo del protagonista que sobrecogerá a más de un espectador, pero luchar contra la depredación es lo que tiene: nadie dijo que fuera a ser fácil.

Las pisadas de la superficie conducen hacia una investigación criminal con un “detective del terreno” como protagonista, pero es también un doloroso grito de desesperación de aquellos a quienes se les ha arrebatado todo y que siguen olvidados en una caseta y casi sepultados bajo la tormenta. Wind River también es la historia de un depredador total acechando, sobrevolando presas, carroña viviente que debe ser erradicada. Sí, también es un extraordinario thriller de venganza.

A partir de ahí, un desfile de amargura, remordimientos, familias destrozadas, tormentas de nieve y rastros que seguir por las montañas heladas que desembocará, como por arte de magia, en el thriller más intenso de la temporada gracias a una maniobra de guión absolutamente magistral. Parece fácil, pero no lo es.

La nueva película de Taylor Sheridan es cruda, duele, emociona y, además, tiene la mejor secuencia de “no puedo soportar más tensión por favor” del año. La banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis, la fotografía de Ben Richardson y los seguros sabios consejos de Peter Berg en la producción (garantía de calidad) hacen el resto.

A falta de fecha de estreno en España, no dejes pasar la oportunidad de sus proyecciones en Sitges.

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Kiko Vega • September 22, 2017


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