Ne paniquez pas

Kiko Vega

Under the silver lake, muriendo en la era pop

Ahora que se cumplen 30 años del lanzamiento de aquel debut vigoroso y refrescante de la banda liderada por Alejandro y Elena, no estaría mal empezar a matar de una vez a la cultura pop. Y no se me ocurre nadie mejor que el director de It Follows para realizar el crimen perfecto.

De nuevo a las letras y con Disasterpeace (discazo ya a la venta) a las melodías, la última película de David Robert Mitchell es, ahora sí, un disparo certero en el entrecejo de la modernidad.

Un joven y desencantado Sam se encuentra con una misteriosa y atractiva mujer que nada en la piscina de su urbanización en plena noche, desapareciendo a la mañana siguiente sin dejar rastro. A partir de ahí, nuestro amigo detective improvisado y fumador empedernido, se embarcará en una búsqueda surrealista a través de Los Ángeles para descifrar el secreto detrás de su desaparición, llevándolo a las profundidades más oscuras del misterio, el escándalo y la conspiración.

Andrew Garfield está realmente espectacular como este detective casual, y la ausencia de un apellido para su personaje lo aproxima aún más si cabe al Sam Spade de Dashiell Hammett, aunque por momentos su aproximación al personaje sea más propia del Philip Marlowe de Raymond Chandler, eso sí, con el toque distante de quien vive la vida al día en el corazón de la ciudad de las estrellas y solo se preocupa de tener algún cigarrillo que echarse a los labios.

Sin que nadie se lo pida, más allá del orgullo personal y las ganas de arrimar la cebolleta a una rubia de las de antes, de aquellas que iluminaban desde la mirada, nuestro héroe no tardará en convertirse en antihéroe cuando conozcamos un poco más su personalidad y la rapidez con la que es capaz de tirar de violencia brutal con cualquiera que se entrometa en su camino.

Con un pie en Mulholland y otro en el puro vicio, uno de los grandes aciertos de la película es conocer que cada época puede tener a su detective, pero que solo hay un estilo noir y aquí lo clavan, sobre todo en las transiciones y la luz que ilumina los primeros planos de las mujeres fatales que van desfilando por la función. Por no hablar del excelente trabajo de una banda sonora que parece haber salido de algún cajón perdido donde compartía espacio con una botella de whisky y un paquete de tabaco negro.

A pesar del riesgo del viaje, las situaciones excéntricas se suceden con todo el sentido del mundo, algo a lo que ayudan las secuencias animadas que se van intercalando para narrarnos, a su vez, cómo los hechos que se suceden ante nuestros ojos ya venían de lejos. Uno de los puntos culminantes, además, nos recuerda que esto es cine clásico, y una habitación con un piano será testigo de una de las secuencias más alucinantes de la temporada.


Andrew Garfield, ya en su punto exacto de cocción tras unos años soportando el peso de una mala adaptación de Spider-Man y la trama, enrevesada, pero más sencilla y amena que la de otros noirs contemporáneos, hacen de Under the silver lake una de las favoritas en potencia para el gran público que abarrote el inminente festival de Sitges.

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Kiko Vega • September 7, 2018


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