Ne paniquez pas

Kiko Vega

The Predator, la guerra en casa

Uno nunca sabe dónde puede estar el enemigo. En la saga que inauguró John McTiernan hace más de treinta años, estaba en la jungla y llegaba del espacio.

En aquella selva, un joven aspirante a millonario vividor/escritor aparecía como actor interpretando a uno de los miembros del comando. Aquel bocazas moriría rápido, ya que no quiso echar la mano en la escritura del guión que los estudios habían solicitado. Shane Black había firmado como actor y no iba a trabajar el doble por gusto. Ese mismo año llegaba a las pantallas Arma Letal, su primer guión. La peli de Richard Donner abrió tres meses antes y reventó las taquillas. Depredador también lo hizo, pero parece que en Fox se guardaran las ganas de devolver la jugarreta a un director irregular en taquilla, capaz de recaudar más de mil doscientos millones de dólares con un aparatoso (literal) blockbuster marvelita y menos de cinco con su extraordinaria ópera prima. Hollywood ni olvida ni perdona.

Hay un hecho irrefutable si uno se fija en las cifras de las películas donde este exótico alienígena de rastas se deja ver: la gente tiene muy mal gusto. Dejando de lado que una película imperfecta como The Predator tiene más nivel cinematográfico, amor por el género y respeto hacia la audiencia que la mayoría de títulos de la misma liga, la recaudación no engaña. Y la película que más dinero ha ganado de todas seguirá siendo… Alien Vs Predator.

Luego está el poco interés que genera esta saga. Algo pasa con este extraterrestre que no termina de embolsar la misma pasta que su colega xenomorfo. Da igual que sea Robert Rodríguez o que el director de Iron Man Three tome las riendas: el depredador ya no es un trofeo de caza mayor. El desinterés general corre como la pólvora cuando además los estudios se cobran la venganza que llevan preparando más de tres décadas.

Con la película a punto, los ejecutivos de los estudios hicieron cambiar completamente la película. Y ya sabemos qué pasa cuando Fox reescribe por completo un guión, así que imaginad la incongruencia de hacerlo con uno de Shane Black, un tipo que ha volado libre durante toda su carrera. Múltiples cambios en personajes y muertes, la eliminación de una interesante variedad de alienígenas e híbridos, la desaparición del personaje de Edward James Olmos (que estaba en la trama del Area 51) y un nuevo final. Un nuevo final con la desgastada plantilla Fox que ya sacaran a relucir en el tercer acto de la última aportación de Ridley Scott a la saga Alien, la simpática Alien: Covenant.

Y aún así, con todos esos obstáculos de todos los lados de la galaxia imaginables, The Predator sale casi ilesa siendo, eso sí, lo más frío y desganado de un director que siempre ha hecho lo que ha querido y al que se nota por primera vez un tanto atado de pies y manos. Pero no de huevos. Y esperemos que esos huevos se mantengan en un lanzamiento doméstico que incluya todo lo que se ha quedado fuera.

De momento habrá que conformarse con Black moviendo con gracia a su pelotón chiflado rebosante de carisma y palabrotas, con su ojo para los chavales, recuperando a la gran revelación de Room, Jacob Tremblay, y con cómo junto a su gran amigo Fred Dekker nos devuelven a los tiempos en los que no había ningún tipo de interferencia entre estudios y artistas. Los tiempos donde una escena de disfraz de Halloween era innovadora. Los tiempos en los que una película como The Predator habría arrasado. Los tiempos que nunca volverán.

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Kiko Vega • October 7, 2018


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