Ne paniquez pas

Kiko Vega

Ready player one: la realidad (virtual) no supera a la (ciencia) ficción

Se dice pronto, pero entre pitos y flautas Steven Spielberg lleva dos décadas sin alcanzar los mil millones de recaudación global. Y en realidad es algo grave, no hay más que ver los títulos que han llegado a esas cifras durante los últimos años: The Fate of the Furious, Black Panther o La Bella y la Bestia reventaron las taquillas mientras el rey Midas mordía el polvo con títulos tan extraordinarios como Las Aventuras de Tintín. Ahora llega Ready Player One, la adaptación cinematográfica de una novela que terminaré de leer a disgusto (y a la cuarta) y que representa el mal que nos ha tocado vivir hoy: la nostalgia mal entendida.

Pasen y vean, intenten reconocer a todos los personajes que pelean en masa en la pantalla. Hagan sus apuestas a ver quién diferencia una banda sonora de otra, una referencia especial, un guiño aquí, otro allá. Ready Player One, la película del codazo cómplice.

Seamos honestos. Seamos doblemente honestos: Ready Player One es fea. Espantosa. Pero es entretenida. De hecho, por momentos, parece una película de Steven Spielberg, solo que con un guión algo más pobre de lo que nos tiene acostumbrados.

La nostalgia impostada de la novela de Ernest Cline, ahora guionista y productor, lugar donde se encontrará a las mil maravillas, es un detalle primordial en la historia que resulta más agradable cuando se desarrolla en la imaginación del lector y no en una pantalla de cine. Afortunadamente, el cine tiene aún unos límites a los que el ser humano no podrá llegar jamás… AUNQUE es posible que en nuestra imaginación, si tenemos que representar un mundo de fantasía donde podamos ser quienes queramos ser, lo hagamos con otro tipo de avatares mucho más realistas.

Insert Coin

Partiendo de la mamarrachada padre que asegura que dentro de más de veinte años añoraremos los ochenta como nunca antes, Ready Player One se limita a sumar durante dos horas y media. Los personajes, lejos de ser interesantes o mínimamente carismáticos, se presentan a su manera y nos abren las puertas de una trama sencilla con carta blanca para el uso y abuso de la nostalgia retro… de la forma más fea que el futuro nos pueda ofrecer.

Menos mal que llegó Spielberg. La novela es insoportable, un dolor de muelas para el que creció, igual que su autor, rodeado de cacharros que nos hicieron felices, pero que no deben usarse como armas arrojadizas o bombas de racimo, algo que Cline hace cada dos líneas. De hecho, si mezclamos el catálogo de juguetes de la navidad del 85 con un número de alguna revista de videojuegos random y el último boletín del Media Markt, es posible que surja una historia como la de Ready Player One. Lo que hace Spielberg, y lo hace desde el comienzo, es intentar dotar de arte cinematográfico cada uno de los planos de la película. Al menos en los que se desarrollan en un mundo real que, lamentablemente, no ocupará el grueso de la película.

Hay un importante punto de inflexión en Ready Player One, y está en forma de curioso deus ex machina que otorga una vida extra al espectador. Y es que en el momento en que dos personajes comienzan a bailotear la canción de Saturday Night Fever, el espectador más predispuesto está a punto de tirar la toalla. Esa canción, ese baile, ya no puede utilizarse más en el cine y debería estar prohibida al menos hasta el año 2047. La parte inteligente del asunto es que justo en ese momento, algo sucederá en la acción que elimina por completo cualquier rastro del numerito musical (de playstation2) que acaba de sacarnos los colores. Y no solo eso: a partir de ahí, la película remonta, elige un poco mejor las referencias (aunque todas igual de forzadas y rebuscadas) hasta llegar a un tercer acto donde, sorpresa, comenzamos a apreciar, bajo todas esas capas de falsedad, una serie de emociones que nos resultan mucho más reconfortantes: el estilo de Spielberg. Lo curioso es que haya que recurrir al rey del gran cine para suavizar una historia pasada de rosca y con los eslabones argumentales más débiles de la carrera reciente del maestro.

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Kiko Vega • March 27, 2018


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