Ne paniquez pas

Kiko Vega

Canciones desde el agujero negro

Parece que fue ayer cuando la banda de nuestra vida se marcó un hiato de brillantez tras dos bombazos consecutivos que nadie en su sano juicio habría esperado a estas alturas de la vida.

Tanto Everything Will Be Alright in the End como el disco blanco eran dos pelotazos que podrían estar entre lo más brillante de su carrera. Pacific Daydream, a pesar de ser uno de los discos menos “especiales” de la banda liderada por ese incansable cazador de melodías perfectas que es Rivers Cuomo, incluía algún que otro hit para resonar en tu cerebro una buena temporada. Y Weezer, de esto de crear hits, sabe mucho.

Sin apenas tiempo para haber superado la extraña digestión del plato otoñal, toca otro tipo de cocina experimental de esa que tanto le gusta de vez en cuando a Cuomo. La del compositor de temazos para que los nuevos jóvenes de hoy salgan de farra el fin de semana. Solo así se explican cosas como Can’t Knock the Hustle, a la altura de los peores Fall out boy (que tienen dos o tres discos excelentes), o Living in L.A., que viene a ser el primer single de la banda que tu hijo monta en el sótano con sus amiguetes de primaria o lo que sea que se estudia ahora.

Afortunadamente tenemos unos breves minutos de esperanza entre tanta mediocridad y perreo. Afortunadamente, Rivers sigue teniendo la mala baba necesaria para incluir un hit para el recuerdo (o al menos para cantar en la ducha durante meses) del calado de High as a kite en un disco que en realidad no tenía sitio para ella.

La cara A termina con otra bonita melodía que tal vez merecía otro hueco en otro disco: Piece of cake. ¿Tal vez en el disco rojo?

Y es que este disco negro que tan lejos está de aquel otro disco negro es solo, esperamos, un pequeño desahogo para que Rivers pueda sonar en divertidos spots durante el descanso de la Super Bowl antes de los otros dos nuevos discos que se ven en el horizonte. Uno guitarrero, otro intimista. Van Weezer, será el de los guitarreos y Okay Human el del rollo Harry Nilsson. El disco negro de Weezer se pierde en un camino hacia ninguna parte en una cara B caótica donde apenas un par de trazos de melodía se antojan más o menos “recordables”.

Como muchas veces pasa con Weezer, han hecho que mejore el recuerdo de su último disco flojo. Y no me refiero al disco de versiones que sacaron a lo sorpresa el mes pasado.

De todos modos, no sé cuántas bandas tenemos con crédito infinito y por la que siempre esperar un disco nuevo. O que incluso en sus horas más perezosas se marquen un temazo como High as a kite en un disco tan flojo como este disco negro.

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Kiko Vega • March 1, 2019


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