Kiko Vega

Ne paniquez pas

Cuestión de explotación: Brawl in Cell Block 99

Anda por Sitges el bueno de William Lustig, un director que supo recrear como pocos la violencia y la humedad de los Estados Unidos de la década de los ochenta hasta mediados de los noventa, un maestro con un puñado de películas muy importantes para entender el cine del Bronx y un director que lleva casi un cuarto de siglo sin rodar nada nuevo.

Entre Maniac (1980) y Maniac Cop (1988) solo hubo otra película, Vigilante (1982), pero en esos casi diez años, William Lustig retrató como nadie el olor a meados, sudor y bolsas de basura destrozadas.

Vigilante (1982)

Vigilante (1982)

En Sitges también andaba este año, como en 2015, S. Craig Zahler, que entonces salía con un par de premios gordos bajo el brazo tras la presentación de su primera película, la excelsa Bone Tomahawk. Es una alegría inmensa confirmar que todo aquello intuimos entonces, principalmente la habilidad para escribir unos diálogos primorosos y una capacidad para presentar personajes a prueba de bombas, da un paso al frente en su nueva barbaridad hecha película. Músico, escritor, cocinero, director de fotografía, cámara, director… no estoy muy seguro de que haya algo que S. Craig Zahler no sea capaz de hacer, pero lo que está claro es que como cineasta es de la vieja escuela. De la que huele a meados y suena a rodilla apoyada en un suelo lleno de cristales rotos. Como William Lustig. Bienvenidos a la reyerta en la celda 99.

Brawl in Cell Block 99 (2017)

Brawl in Cell Block 99 (2017)

Bradley Thomas es un pobre diablo. Ex-alcohólico, ex-boxeador, esposo dominante de una mujer confundida y, por si fuera poco,  hombre de confianza de un señor de la droga local. La combinación resulta fatídica, por supuesto, que por algo esto es pulp.

En su último trabajo antes de un merecido descanso, Bradley tomará una decisión que resultará fatal a corto, medio y largo plazo. Una condena pondrá sus anchos huesos en la trena.

Al igual que Bone Tomahawk, la nueva obra de Zahler se toma su tiempo en presentar a los personajes, y lo hace sin medianías: situaciones claras y diálogos punzantes, escritos con precisión de cirujano y escupidos por un Vince Vaughn que pensaba equivocadamente que había nacido para estar en True Detective. La estrella de Dodgeball debería llevarse el premio a mejor actor de esta edición porque su máquina de matar con valores inquebrantables ha pasado a la historia del festival.

Brawl in Cell Block 99 tiene el aspecto de las películas de explotación, del cine de medianoche, de las películas de dos rombos, de clásico instantáneo. Una oda a la violencia cinematográfica como catarsis, un catálogo de anatomía quebrada, una clase de cómo destrozar un cuerpo con la única ayuda de dos puños y un par de pies. Parte cinta de terror, todo género. A medida que la escala de violencia se dispare imparable hacia una inevitable implosión en el mismísimo infierno, la sucesión de actos salvajes te hará creer que Thomas podría partir por la mitad al mismísimo Luke Cage. O levantar un camión con sus brazos.

Todo el cine peligroso de los setenta, el que se veía mal, el del celuloide desgastado que apestaba a mierda y a pis, donde las hostias eran secas y sonaban a hostia seca, donde era imposible ver a un héroe más allá de un hombre recto, todo eso y más, está magníficamente representado aquí. Pero con mejor fotografía.
Un actor inconmensurable, un ritmo mucho más vivo que el de Bone Tomahawk y alguna de las cosas más brutas que hayas visto en una película están aquí.

Nunca las palabras “clásico” y “culto” han estado más justificadas.

buen rolloburradaclásicos vivosgente buenaguionasohostiashuesosKiko Vega recomiendaSitges 2017tíos duros

Kiko Vega • October 13, 2017


Previous Post

Next Post

Leave a Reply

Your email address will not be published / Required fields are marked *