Kiko Vega

Ne paniquez pas

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Chasing Banksy, la comedia de la vida por Frank Henenlotter

A veces, la realidad supera a la ficción. Eso es lo que cuenta la primera película del director de Basket Case (1982), Brain Damage (1988), Frankenhooker (1990) o Bad Biology (2008) alejada del horror, aunque no del todo, de sus señas de identidad.

Para empezar, advertir que el suceso aconteció precisamente a Anthony Sneed, (co)guionista, productor y protagonista de Chasing Banksy. Hace unos años, tras el desastre del Huracán Katrina en Nueva Orleans, Banksy “regaló” a la ciudad una serie de obras que intentaron insuflar algo de vida en los castigados vecindarios que aguantaron, nunca mejor dicho, el chaparrón.

Un joven neoyorquino, habitual del ambiente artístico de la gran manzana, sin techo fijo y con un trabajo de mierda (aunque quién no querría trabajar en una tienda de discos de Nueva York, ¿verdad?), pone todo su esfuerzo en encontrar en las anónimas fachadas de la gran ciudad de Luisiana las obras del misterioro grafitero y lucrarse con su venta.

Hasta aquí, más o menos todo indica que estamos ante una simpática historia de ladronzuelos de tres al cuarto agobiados por situaciones financieras peliagudas, pero a medida que nuestro (anti)héroe y su par de amigos dispuestos a compartir el road trip vayan acercándose al botín, se sucederán una serie de increíbles situaciones que, lógicamente, no expondré aquí.

Chasing Keaton

Una de las mayores atractivos de la película es la endiablada velocidad y el ritmo trepidante que Frank Henenlotter aporta desde la sala de edición. Ojo, que nadie espere un Ocean’s 11, que esto es una película de un director exploited y se parece más a un Little Secret Film realizado por una leyenda del cine de género, el grindhouse y devorador cinéfago desde hace más de cincuenta años.

Con su aspecto de chusco film en vídeo y sus numerosos fundidos a negro, probable decisión personal puesto que 3/4 de ellos no eran necesarios, Henenlotter presenta, curiosamente, su película mejor fotografiada y con una composición de planos más elaborada. Los planos de los barrios, las puestas de sol o las ensoñaciones del protagonista presentan un trabajado sistema de edición de distintos formatos: cámaras submarinas, GoPro… incluso vuelve a mostrar algo de stop motion, técnica que ha depurado desde su primer acercamiento.

Tras sus documentales sobre Herschell Gordon Lewis y el Sexploitation, Henenlotter vuelve a la ficción mientras prepara un nuevo documental antes de su ansiado regreso al género por el que amamos a uno de los directores más libres y más alejados de la industria.

Bienvenido de nuevo, Frank.

 

 

Kiko Vega • March 14, 2016


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