Ne paniquez pas

Kiko Vega

Casi famosos

Hace tres años estuvimos a punto de perderlos para siempre. Aquel crudo 24-7 Rock Star Shit sonaba curioso, pero estaba vacío. Las malas ideas de una producción donde repetían con Steve Albini cinco años después del muy superior  In the Belly of the Brazen Bull se apoderaron de las melodías. Aquella crudeza sonaba impostada en una banda que nunca había escondido su amor por lo ratonero. Algo iba mal.

Tras quince años y siete álbumes, The Cribs era por derecho propio una de las bandas de garage pop más auténticas  del siglo XXI, pero justo cuando ese disco llegaba al Top 10, la banda frenó en seco tras una ruptura inesperada con su mánager. Decididos a autogestionarse y ansiosos por un nuevo ‘año cero’, a principios del año pasado empezaron a profundizar en los detalles de sus viejos contratos para descubrir que los derechos de todo su catálogo en realidad pertenecían a los conglomerados que siempre habían intentado evitar. Todo pertenecía a Universal y ellos fueron los últimos en darse cuenta. Lo que siguió fue un período de inactividad de año y medio: 2019 fue el único año desde el inicio de su carrera, en 2002, en el que la banda no dio ni un solo concierto.

Night Network, octavo disco de la banda y tercero con el sello Sonic Blew, está producido por los propios Jarman y es uno de los discos más redondos de estos tres hermanos que llamaron mi atención en el lejano 2004 entre cervezas y cigarrillos. Doce canciones que se pegan a tu corteza cerebral de inmediato y que durante casi tres cuartos de hora arreglan prácticamente un año de horror. Desde su gloriosa obertura, con una canción tan clara y directa como Goodbye. Puede parecer extraño empezar un disco con un adiós, pero estos ecos a la The Beach Boys es una catarsis que puede malinterpretarse en tiempos de pandemia. Lejos de admitir una muerte cercana por la plaga, la banda deja atrás ese período oscuro de su carrera. Y a partir de ahí lo único que está de más es la maestría a la hora de crear melodías impecables.

Running Into You, Screaming In Suburbia y Never Thought I’d Feel Again, una canción cuyo arranque utilizo ahora mismo para ganar nuevos adeptos a su religión, son un tridente ganador con la necesaria capacidad de hacer de este trabajo un renacimiento en toda regla. Lee Ranaldo, que ya había colaborado con la banda en el pasado, se apunta aquí para cerrar la cara A con I Don’t Know Who I Am, la canción de la reflexión. Ojo que antes llegaba Deep Infatuation, otro tipo de reflexión armónica.

El nuevo disco de The Cribs es un disco de melodías, estribillos, juegos de voces y una sensación de seguridad imbatible. Under The Bus Station Clock suena como si al final Phil Spector se hubiera decidido por ellos y no por los Ramones y Siren Sing-Along demuestra que ahora mismo no hay nadie con esa capacidad de absorber el muro de sonido de la Motown para hacer un disco de lo que sea que hacen estos chicos. Porque lo que hacen ellos no lo hace nadie más. Con permiso de The Strokes, mi disco favorito de un año de mierda.

buen rollogente buenaKiko Vega recomiendamusiquetaThe Cribs

Kiko Vega • November 26, 2020


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