Ne paniquez pas

Kiko Vega

Black Mirror, más allá de los límites de la realidad desconocida

Que sí, que ya la habíamos dado por muerta. Que algunos no fuimos capaces de terminar la remesa de la temporada anterior, la primera para Netflix y la primera donde Charlie Brooker doblaba el número de episodios, pero no el esfuerzo.

Y es que en Black Mirror es muy fácil que salte la chispa de la mediocridad: que si un avatar allí, que si pínchame una sien mientras pongo los ojos en blanco allá. Y su llegada a Netflix, no nos engañemos, fue un bajón bastante considerable ante el hype que nos hicimos todos.

Ahora, más tranquilos, Brooker y los de Netflix han presentado la más homogénea y trepidante de todas sus temporadas. Parecía fácil, pero no lo es.

La nave arranca, literalmente, con USS Callister, un episodio imaginativo y colorista, otra venganza más sobre la insoportable levedad del avatar. Divertida, pero Brooker no tarda ni diez minutos en plantarte un usb en la sien. La cosa no mejora con el episodio de Jodie Foster, Arkangel, que parece un episodio de Black Mirror dirigido por Jodie Foster.

Justo cuando creíamos que la desidia y el pilotaje automático se apoderarían de la temporada, la serie se marca un remake futurista de Blow Out (que es mejor que Blow Up) y convierte Crocodile en una cosa áspera y jodida a la altura del siempre interesante y muy crudo John Hillcoat. Sí, aquí también hay chips en hueso, pero te deja jodido.

Hang the DJ es la pausa amable, el episodio para ver con tu pareja, la huida tierna dirigida, curiosamente, por uno de los macarras de Curso del 84. Qué queréis que os diga, prefiero la Langosta griega.

Las emociones fuertes llegan por partida doble con un angustioso slasher en blanco y negro que amagaba con ser el episodio de arte y ensayo de la temporada y en realidad era una revisión de ese subgénero sucio y 90s de robot desbocado persiguiendo a humanos condenados. Ritmo, tensión, clase y un nivel de violencia muy, muy altos. Lo mejor que ha rodado David Slade desde la lejana Hard Candy. Metalhead, qué cabrón.

Para terminar nos ofrecen un postre en tres fases, una miniserie dentro de otra serie. Black Museum son tres relatos entrelazados que desembocan en el más elaborado, metalinguístico y ambicioso de la temporada. Un auto-homenaje merecidísimo que debería consagrar a Colm McCarthy.

Charlie, págate otra ronda cuando quieras.

Kiko Vega recomiendaNetflixWTF

Kiko Vega • January 9, 2018


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