Ne paniquez pas

Kiko Vega

Bird on money The Strokes

Apocalypse Now

Menudo ojo tienen los neoyorquinos. Cuando publicaron su memorable debut, Is This It, en aquel otro mundo que fue 2001 (ya lo dijo Arthur C. Clarke), la ciudad de Nueva York, descomunal cuartel general para la banda, tenía un sonido de fábrica que ellos supieron absorber para luego vomitar en baja fidelidad. Por desgracia, el mundo empezó a cambiar poco después.

Publicado en julio en Australia y en agosto en Reino Unido, no llegaría hasta octubre a las tiendas de Estados Unidos. Sí, octubre 2001 significaba dolor y pensar antes de hablar, algo que Julian Casablancas y los suyos no suelen practicar demasiado. Por esa razón el disco, además de cambiar la sugerente imagen de portada, eliminó New York City Cops del disco para sustituirla por la jugosa cara b que sonaría en el Spider-Man de Sam Raimi, When It Started.

A pesar de que nada volvería a ser igual, la banda se convirtió rápidamente en buque insignia de aquella nueva ola que modernizó aún más la gran manzana. Interpol, Yeah Yeah Yeahs, The Moldy Peaches, LCD Soundsystem y demás bandas pertenecientes al movimiento de “nos vemos en el baño” hacían arder las calles mientras sus vibraciones recorrían el mundo, despertando respuestas inmediatas en todas partes. Ni su éxito ni la fiesta se terminaron cuando llegó el segundo trabajo, el impecable Room on Fire. Para cuando First Impressions of Earth llegó a las tiendas, la banda ya estaba aburrida de su rutina, más preocupada en evolucionar tanto vital como musicalmente, y si bien dejaron tres o cuatro gemas para enriquecer su inmaculado repertorio, el disco no resultó tan cautivador como habríamos querido entonces.

Tuvo que llover mucho, muchísimo, hasta que Angles y Comedown Machine, dos discos irregulares pero muy atractivos, fueran asimilados por unos fans que no habían salido aún de la fiesta de la habitación en llamas, agarrándose a los últimos clavos ardiendo de una generación que, o bien iba camino de la extinción, o bien confundía madurez con desidia. Nadie se dio cuenta, pero Future Present Past EP era un anticipo de lo que estaba por venir. De lo que estaban por decir. Producido por Gus Oberg, colaborador de la banda en los dos esfuerzos anteriores y habitual en las producciones de Albert Hammond Jr, incluía tres temas que reforzaban la credibilidad de la banda más que ningún otro sencillo de la última década. Y en esas estábamos hasta que Rick Rubin, productor de productores, abrió las puertas del estudio Shangri-La, en Malibú, de par en par. Casi veinte años después de aquel primer apocalipsis, The Strokes reaparecen en medio de una movida mucho más desoladora.

El sonido del silencio

Si la banda siempre se ha caracterizado por marcar el ritmo de los sonidos de su ciudad, The New Abnormal supo ver antes que nadie que los tiempos iban a cambiar. Que nuestras costumbres y rutinas dejarían de ser las que una vez fueron y que viviríamos un estado de terror global sobreviviendo a una pandemia como no habíamos conocido antes. Resulta paradójico afirmar que, en ese sentido, en este contexto, su nuevo disco llega en el “mejor” momento. Su primer adelanto, At the Door, iba bastante en serio. No jugaba al despiste.

Ahora ya no estamos para incendiar nada. Ahora toca apagar los fuegos con los recursos que nos vayamos encontrando por casa. Ya no hay tiempo para recorrer las calles de nuestras ciudades con sintonías vitales en los auriculares. Pronto nuestros dispositivos móviles pasarán de ser el hogar de nuestros podcasts y discos favoritos a medirnos la temperatura para saber si debemos ser tratados ante una enfermedad desconocida cuando empezamos este año del que apenas llevamos un tercio. Para redondear la jugada, la banda apuesta por el Bird on Money, obra donde Basquiat, otro maldito de los 27, homenajeaba a su ídolo Charlie Parker.

The New Abnormal empieza con los adultos hablando, en un tema que advierte desde el inicio que sí, que la cuarentena llega en plena madurez (que no crisis de los cuarenta) y que han sabido adelantarse a los acontecimientos. Históricamente cada punto de partida de sus discos era una declaración de intenciones. Si uno presta atención a sus arranques, The Adults Are Talking es una pieza clave en el disco. Vuelven la apatía generacional, la baja fidelidad y el desencanto (de la burguesía), pero también la capacidad inmaculada de crear canciones estratosféricas, con el añadido de abrirnos también a nosotros las puertas de ese estudio de grabación.

Selfless, aunque diga lo contrario, no está para nada construida sobre el desinterés. De hecho, los agudos de Casablancas llegan hasta donde no habían llegado antes, dejando que Brooklyn Bridge to Chorus muestre sus intenciones de buscar unos nuevos amigos que seguramente no llegarán nunca mientras se preguntan dónde habrán ido a parar las bandas de los 80. Que no teman los muchachos de ser así, porque los amigos de siempre estamos aquí para abrazar sus canciones sin rubor.

Bad Decisions, estrenada en directo durante la campaña de Bernie Sanders, ofrece una melodía marca de la casa antes de zambullirse sin ningún complejo al karaoke y preparar el terreno para el tema más exigente del disco: Eternal Summer. Aquí Casablancas, que ya lleva unos años preparándose para una guerra invisible, recalca que “pilares como el tiempo se están desvaneciendo”. Ya me dirás tú si no es así. Why Are Sundays So Depressing? incluye el estribillo más delicado del disco, convirtiéndose de inmediato en favorita personal.

La dupla final, formada por Not the Same Anymore y Ode to the Mets, sirven casi como terapia de grupo, reconociendo errores personales del pasado la primera y recordando una vida juntos la segunda. Una vida juntos en una ciudad donde ahora no está permitido ese contacto. Ningún tipo de contacto. Una ciudad que suena exactamente como el nuevo disco de The Strokes. En realidad siempre ha sido así.

clásicos vivosThe New AbnormalThe Strokes

Kiko Vega • April 15, 2020


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