Ne paniquez pas

Kiko Vega

10 pelis para un año: Colossal, de Nacho Vigalondo

Una pataleta en el patio de un colegio puede provocar un kaiju al otro lado del mundo.

A grandes rasgos se podría decir que Colossal, la sensacional reformulación de la peli de monstruos gigantes de toda la vida de Nacho Vigalondo, lleva la teoría del efecto mariposa hacia el terreno que mejor maneja su director.

Si ya en Open Windows se movía como pez en el agua (revuelta, pero fresquísima) entre los peligros de la tecno-sociedad, ahora Vigalondo apuesta por la sutileza de la vida más rural. Donde antes había banners, ahora hay ventanas a un patio interior en el que guardar nuestras miserias esperando que no apesten al resto de vecinos que transitan esa gigantesca zona común que es la puta vida. Colossal es casi un western en el que el pueblo se queda pequeño para dos pistoleros tan grandes.

Hay en Colossal mucho dolor, mucho remordimiento, ganas de purgar los pecados y tratar de encontrar una salida, aunque en realidad estemos hartos de los límites. De los que nos encontramos cada día pero más aún de los que nos imponemos nosotros mismos. Hartos de renunciar a lo que realmente da sentido a nuestra vida, hartos de ser conscientes de que hace mucho que debimos dejar ese ritmo que seguíamos convencidos de poder vivir, porque no nos dejan, porque no podemos o por ambas razones.

Colossal es amargura pesimista disfrazada de grito fantástico de primera. Es la última vez que ponemos la otra mejilla. Es lo que hay, y si te gusta estupendo y si no pasamos a otra cosa, pero no te disculpes ni lo sientas, ojalá vuelva a pasar. Es fácil decirlo, pero Colossal es muy grande.

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Kiko Vega • December 7, 2017


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